En el mundo hay varias personas que han llevado a cabo tareas dignas de pasar a la historia. De hecho, hay 3 tipos de personas dentro de esa categoría y os la enuncio a continuación.
- Los cabrones, como Hitler, Pinochet o Antonio Anglés.
- Luego tenemos a las personas que han hecho grandes cosas para la humanidad, entre ellos podemos encontrar a Leonardo, Santa Teresa de Calcuta o todos los voluntarios que trabajan por un mundo mejor.
- Y por último, está la categoría de tipos que nunca tendrán que pagar una copa en un bar, ya que siempre encontrarán alguien dispuestos a invitarlos. En esta categoría podemos encontrar a Matt Groening o Ron Jeremy, uno por crear a Los Simpsons y Fry, Bender et company, el otro por haber rodado decenas de cientos de películas y haber copulado con miles de hembras, poder demostrarlo ¡y cobrar por ello!
Pues en la última categoría he decidido que hay otro tipo que, aunque anónimo, merece no volver a pagar ni una copa. ¿Queréis saber de quien hablo?

Me refiero a la persona que haya decidido convertir una marca puramente masculina como Playboy en algo femenino. Camisetas, ropa interior, pegatinas, carpetas, pines, chapas, felpas, faldas... de repente, sin que nos demos cuenta resulta que la revista que se dedicaba a mostrarnos jamonas siliconadas, la revista que desnudó a Marilyn Monroe, que descubrió a Pamela Anderson, la mansión donde todo hombre querría vivir
¡se ha convertido en una atractiva marca para jovencitas!.
La persona que haya tomado esa decisión y la haya llevado a cabo se merece un Nobel de mercadotecnia y cojones ¡y si no existe habrá que inventar esa categoría! Si algún día lo encuentro, le invitaré a una cerveza.
Sí, podría referirme a Charlie Glamour, pero creo que él tiene una categoría especial, algo más legendario y mítico, donde sólo los Dioses tienen derecho a habitar.